| La frontera... una línea imaginaria
inventada por el hombre y materializada por sus manos para dividir
y separar.
Pero
a pesar del drama y la tragedia que se vive día a día
en la frontera norte, la adversidad empuja a muchos mexicanos, entre
ellos a niños y a adolescentes, a salir de su hogar en busca
de una vida mejor, en pos del sueño americano.
Como resultado de años de migración, muchas familias
mexicanas han sufrido largos períodos de separación,
provocando con ello desintegración familiar y complejos problemas
sociales, especialmente en las ciudades fronterizas.
Debido a importantes y recientes modificaciones en las leyes migratorias
de los Estados Unidos, el número de adultos y menores detenidos
en el cruce fronterizo y deportados hacia México se ha multiplicado
dramáticamente, incrementándose la cantidad de personas
que dispuestas a internarse en aquel país, sin documentos,
permanecen en la frontera bajo condiciones extremadamente vulnerables.
Las ciudades fronterizas se han convertido en bases de operaciónes
para traficantes de seres humanos, en centros de prostitución,
drogadicción y alcoholismo que fácilmente atrapan
a los menores de edad.
Conscientes
de esta problemática, las Guays de México y de los
Estados Unidos se han unido en un esfuerzo bilateral para crear
la Iniciativa Fronteriza YMCA, y responder así a la
crisis que enfrenta la juventud a lo largo de la frontera entre
los dos países. Este proyecto, hoy ya una realidad, consiste
en establecer en diversas ciudades donde existe mayor flujo migratorio
una cadena de albergues llamados Casas YMCA, especialmente
dedicados a la atención de menores migrantes. Su misión
es:
Contribuir al desarrollo integral en Espíritu, Mente
y Cuerpo de los jóvenes en la zona fronteriza mexico-estadounidense,
logrando la mayor protección posible de sus derechos humanos,
proveyéndoles de un refugio seguro y sano donde reciban alimentos,
ropa y acceso a telecomunicaciones, para después reunificarlos
con sus familias.
Desde el inicio de los años noventa las Casas YMCA, programa
pionero en su tipo y de significativa importancia en las ciudades
fronterizas mexicanas que reciben población migrante, brindan
un hogar provisional gratuito a menores de ambos sexos procedentes
de diversos puntos de nuestro país o de Centroamérica,
que en su intento por cruzar la frontera norte de manera ilegal,
sin documentos, son detenidos, arrestados y deportados a México
por las autoridades migratorias de Estados Unidos.
Personal
de las Casas YMCA acude a la garita fronteriza a recoger
a estos menores que en ocasiones permanecen largas horas sin poderse
mover del recinto migratorio para buscar alimento, agua o descanso.
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La
Casa les provee del ambiente hogareño, seguro y digno
que les ayuda a enfrentar la dramática y desesperante realidad
en la que se encuentran solos y completamente vulnerables en las
agresivas ciudades fronterizas.
El matrimonio residente en cada Casa YMCA, o familia anfitriona,
procura, antes que nada, recuperar la estabilidad emocional y física
del menor, atendiendo de forma prioritaria sus necesidades básicas
de alimento, cuidado y salud.
Posteriormente, la trabajadora social inicia el proceso de reunificación
familiar mediante la poca, incierta o nula información que
el menor proporciona.
Cada Casa está organizada con el mismo personal, sin
embargo, en términos de perfil migratorio, reciben menores
con muy variadas características.
Su
permanencia en las Casas es de 3 a 8 días, mientras
se logra el propósito fundamental de reintegrarlos con su
familia, por lo que resulta difícil implementar programas
de largo plazo; sin embargo, se realizan pláticas educativas,
se coordinan actividades fuera del centro, se supervisa el trato
que reciben los menores durante el proceso de repatriación
y se mantienen relaciones estrechas y respetuosas con las autoridades
gubernamentales.
Se han fomentado programas de servicio social con algunas universidades
para que los alumnos realicen actividades de apoyo en los albergues,
tales como periódicos murales, dinámicas de grupo,
e investigaciones sobre migración, entre otros.
A su vez, las actividades que realizan los menores en las Casas
YMCA mientras esperan a sus familiares son básicamente
de apoyo en el aseo de la Casa. Tienen acceso a juegos de
mesa, libros para lectura, televisión, y a salidas eventuales
a centros comerciales o parques deportivos.
Se ha diseñado, con mucho éxito, un sistema de recepción
y canalización de menores hacia sus hogares después
de ser atendidos en nuestras Casas que incluye, en muchos
casos, la transportación a sus lugares de origen.
Las Casas YMCA pueden acercarnos al drama y a lo delicado
que les resulta a estos menores migrar solos o en compañía
de los agentes de cruce, y han venido a cubrir un área de
asistencia social antes no detectada. Es importante recordar que
por la zona geográfica en que se encuentran llegan a ser
imprescindibles.
El comienzo del siglo XXI se presenta difícil e incierto
para todos, lo que agravará la situación de los más
necesitados. Los problemas migratorios continuarán en la
frontera norte, pero en las Casas YMCA, estamos preparados
para afrontarlos y brindar un hogar provisional a quien lo necesite;
por eso, queremos fundar más albergues a lo largo de toda
la frontera. Es una labor de muchos y de todos, en la que nadie
debe mantenerse al margen, mientras exista una frontera, imaginaria
al fin, pero materializada por los seres humanos.
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